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Buenas noches
Autora: Fátima López Ortiz (3º B)
Segundo premio de relatos categoría ESO
Lentamente abre los ojos, rezando por encontrarse en otro lugar, lejos de su pasado, lejos de todo sufrimiento, lejos de todos ellos.
Frunce el ceño. Una brillante luz la ilumina y se ve rodeada de flores de colores vivos y alegres. Pestañea varias veces, intentando cerciorarse de que no se trata de un sueño, otro sueño más.
Finalmente, decide levantarse con precaución e intenta equilibrarse. Da un paso, después otro. Empieza a correr sin ser apenas consciente de ello. Las hojas de los árboles acarician su rostro, el viento hace estremecer su piel. Es libre. Está viva.
Corre velozmente, como un felino al cual acaban de liberar de su jaula tras millones de años. Respira el aire puro del ambiente, intenta fundirse con él. Ella sola. Ella sola está bien. Ya no tiene nada que temer.
Escucha un extraño ruido muy cerca. Pronto se da cuenta de que es el sonido de sus jadeos y decide detenerse en un hermoso prado, repleto de margaritas que se mueven al compás de la dulce brisa. Se tumba en el suelo y observa el bello cielo azul, donde brilla el cálido sol, que parece estar sonriendo desde la distancia.
No se da cuenta y cierra los ojos. Entonces, cuando iba a volver a quedarse inconsciente, algo cálido y suave roza su mejilla. Sobresaltada, abre los ojos de repente y se encuentra con una hermosa mirada. Preciosos ojos verdes que la miran a ella, y solo a ella.
Ambos permanecen en silencio. Ella sabe que él siempre ha sido así. Silencioso, tranquilo. Pero ella se da cuenta de que la mano del chico reposa delicadamente sobre la suya. Y eso hace que todo cambie. Nada tiene sentido.
Él sonríe ante el desconcierto de ella y se tumba a su lado. Acaricia su pelo enmarañado. La hace feliz. Consigue que esté agusto.
Ella cierra los ojos de nuevo, esta vez sin querer. Algo la obliga a hacerlo. Una fuerza desconocida pero poderosa, no material, le indica que se duerma. Pero ella no quiere. No quiere dejarlo, no quiere irse, no sin él.
Mientras vuelve a caer, sumida en la más remota oscuridad, puede escuchar una dulce melodía resonando por los rincones de su consciencia. Sin duda es él que, mientras la entierra, le desea las buenas noches.

 

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